“Ni un paso atrás”: las marchas del orgullo y la dignidad

El camino hacia la igualdad en Colombia ha sido “luchado y sin parar”, pero queda mucho por recorrer. Las marchas del 1 de julio muestran un movimiento LGBTI fuerte y la unión de éste con otros sectores periféricos que, desde ya, hacen oposición al gobierno electo.

“Ordoñez, Vivian Morales, el pastor Arrázola, Oswaldo Ortiz, todos piensan que estamos enfermos, piensan que estamos dañando la sociedad, que somos indeseables”, grita Giovany Cano frente a una multitud que arde, en todo sentido, en la Plaza Victoria de Pereira. Arden las drag queen con trajes de garota que desfilaron antes en carrozas, con sus coronas de plumas y sus collares luminosos. Arden las batucadas y papayeras que acompañan la marcha, con una participación masiva y gran acogida de la gente y de los vecinos en las calles: se toman selfies, aplauden, saludan la caravana. Arden los colectivos de chicos y chicas con pancartas del arco iris cuando corean que en los andenes también hay gays, que detrás de las ventanas también hay lesbianas. Arde Giovany Cano al continuar el discurso: “Por eso cada uno de nosotros se vuelve un embajador de nuestros derechos. En Colombia, y particularmente en Pereira, solamente 7 de cada 100 casos de discriminación se denuncian. No vamos a quedarnos callados, no vamos a permitir que el miedo nos invada. La celebración es hoy, pero la lucha es diaria, permanente, en nuestras casas, en nuestras calles. Los que estamos aquí nos sentimos orgullosos, no tenemos miedo, pero sabemos que hay miles como nosotros que tienen miedo. No vamos a permitir que el miedo nos venza: por eso ni un paso atrás”.

En las metrópolis más importantes del país hubo celebraciones y manifestaciones similares este 1 de julio, día del orgullo gay y la diversidad sexual. “Antioquia paraquita: acá está tu hijo mariquita”, se leía en algunas pancartas durante la marcha de Medellín; la noche del sábado 30 de junio la Torre Colpatria de Bogotá se pintó con la bandera arco iris que es símbolo de la diversidad sexual, al día siguiente una nutrida manifestación llenó el centro de la capital hasta la Plaza de Bolívar, donde no cupo la cantidad de público; en Barranquilla, miles de participantes desfilaron hasta la Plaza de la Paz mientras el malecón se adornaba con banderas arco iris; y en Cali la marcha fue por la noche, al ritmo de salsa y sandunga. Los manifestantes exhibieron letreros con frases como “Nadie va al infierno por amar a quien ama”, “La paz es diversa”, “Orgullosamente No Heterosexual”, “Soy la oveja arco iris de mi familia”. Pero también hubo reclamos por los líderes sociales asesinados, denuncias sobre los incumplimientos al acuerdo de paz y un rechazo tajante al uribismo. Organizaciones de izquierda, movimientos afrocolombianos e indígenas, grupos de estudiantes, sindicatos y otros sectores que no pertenecen a la comunidad LGTBI salieron a las calles. La afluencia multitudinaria a las marchas del orgullo gay muestra que desde ya empezaron las acciones de protesta contra un gobierno que ni siquiera ha comenzado sus funciones.

Colombia Diversa, la organización que reúne un número importante de colectivos de la comunidad LGTBI en el país, promovió este año la consigna “Ni un paso atrás”, declaración abierta de resistencia y defensa de los derechos adquiridos en los últimos diez años frente al panorama oscurantista que se perfila en el horizonte con la presidencia de Iván Duque. “En el gobierno electo hay personas que indiscutiblemente han sido contrarias a las principales conquistas en materia de derechos humanos y derechos civiles de la población LGBTI”, dice Giovany Cano, uno de los líderes más visibles de la comunidad LGTBI en el Eje Cafetero. “Nos preocupa mucho el tema de la política pública que apenas se firmó este año, también nos interesa que no haya retrocesos en materia de derechos humanos. Lo que nos ha salvaguardado hasta el momento son las sentencias de la Corte Constitucional, pues el Congreso no ha estado a la altura de los retos y desafíos que implica abordar el tema de diversidad sexual, se han pasado múltiples proyectos, unos muy buenos, otros no tanto, pero ninguno ha prosperado”, explica Giovany.

Desde que la Corte Constitucional reconociera en 2007 la unión marital de hecho para las parejas del mismo sexo se dio una apertura de derechos civiles e igualdad que en los últimos años ha logrado inmensas conquistas jurídicas: en 2009 se reconoció la igualdad ante la ley para compañeros permanentes en las parejas del mismo sexo y en 2011 el derecho a conformar una familia. Una sentencia favoreció la adopción igualitaria en 2015 y un año más tarde el matrimonio igualitario. En una década Colombia se convirtió en uno de los países más avanzados en materia de derechos para la población LGTBI, pero al mismo tiempo aquello dio vida a nuevos y poderosos sectores políticos que han levantado las banderas de la homofobia, el fundamentalismo cristiano y los discursos del odio y los prejuicios. Al tanto que la apertura tomaba fuerza con políticas públicas de diversidad sexual en las principales ciudades, las iglesias cristianas y los pastores evangélicos se graduaban como nuevos barones electorales imponiendo su agenda desde el Congreso, desde las Asambleas Departamentales y los Concejos Municipales.

Las iglesias evangélicas apelaron al sentimiento ultra conservador de muchos sectores de la población colombiana, hablaron de la disolución de los valores, de la “familia tradicional”, tal y como manda la Biblia, del supuesto peligro de las ya legendarias “sectas satánicas”, arremetieron contra las celebraciones del Halloween, contra la marihuana y los conciertos de rock, contra la masturbación, el aguardiente y la sodomía, hablaron del final de los tiempos, de los signos del juicio y las trompetas del Apocalipsis y los doce sellos. Hay millones de fieles que no solamente creen aquellos sermones de domingo sino que además votan disciplinadamente en las elecciones, así los cristianos trabajaron convencidos en la reelección de Álvaro Uribe, pero su inmenso poder quedó en evidencia cuando sabotearon el proceso de paz de La Habana derrotando el plebiscito por la paz. Entonces movilizaron a sus bases pregonando que la homosexualidad se iba a apoderar del país al imponerse en las escuelas; con esa y otras insensateces similares lograron que la gente saliera a votar en contra de la paz. Ahora le endosaron sus votos a Iván Duque, quien en campaña juró cumplir con lo que ordena la Biblia por encima de las leyes colombianas y la Constitución, y hace poco declaró estar convencido del “modelo de familia original” basado en la religión, un modelo donde no cabe ninguna pareja homosexual.

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Carolina Giraldo, concejal de Pereira por el Partido Verde, dirigió la política pública de diversidad sexual en Bogotá hace diez años. Fue la primera política de su tipo en el país y la segunda de Latinoamérica, por eso asegura que el camino hacia la igualdad en Colombia ha sido “luchado y sin parar”. Según Giraldo, habrá que dar un compás de espera al nuevo gobierno: “tenemos que estar muy alerta. Sabemos que junto a Duque está Ordóñez y Vivian Morales, esto es la caverna, probablemente habrá intentos en retroceder nuestros derechos. Por eso hoy estamos marchando con el lema “Ni un paso atrás”, porque se trata de mantener la igualdad, que es lo que se ha ganado, aquí no se trata de privilegios sino de igualdad ante la ley, de promover la no discriminación” puntualiza Carolina, quien asegura que si bien los avances han sido indiscutibles, la discriminación persiste oculta tras la cotidianidad: en las familias, en las escuelas, en los lugares de trabajo. “Nos causa una alerta muy grande que ya en el texto de la Jurisdicción Especial para la Paz se hayan sacado de algunos apartes la sigla LGTBI, esperamos que esto no llegue a nuevos ciclos de violencia, ni para la población LGTBI ni para nadie”, continua Carolina, “tenemos que bajarle a las agresiones y tratar de construir un país en paz”.

John Kenerth Silva vino desde un caserío rural alejado porque se siente orgulloso de ser gay, orgulloso aunque los niños de cuatro o cinco años en su corregimiento se burlen de él y lo insulten cada que lo ven pasar, niños que todavía no saben ni leer, ni escribir, ni sumar, pero que si han aprendido el odio y el prejuicio de los mayores.

Heimi, una chica adolescente que anda con varias amigas, vino porque se siente identificada dentro de la comunidad y ahora me confiesa que una vez un evangélico la insultó en la calle y la amenazó con el infierno cuando supo que ella, tan jovencita, ya tenía novia.

Juan Pablo Valencia vino porque lidera el Colectivo Prisma que lucha contra la discriminación y en pro de la diversidad sexual. “En las elecciones ganaron todos los que nos han llamado enfermos, los que creen que nos somos personas, los que dicen que no podemos constituir una familia”, me explica Juan Pablo: “es un reto bastante grande porque no vamos a dar ni un paso atrás en los derechos que hemos ganado durante años con sangre”.

La mamá de Jostin Agudelo vino después de visitar el cementerio pues le había prometido a su hijo que estaría con él en este día, que lo apoyaría igual que había hecho siempre. Jostin, quien hoy tendría 17 años, comenzó a vestirse de mujer hace tres años y era su propia madre la que le regalaba el maquillaje y los lápices de labios. Jostin fue asesinado junto a un primo suyo a la entrada del barrio Intermedio en febrero, el suyo es uno de los casos más recientes de homicidios contra miembros de la comunidad LGTBI en Pereira, con el agravante de que se trataba de un menor de edad. “Yo estoy aquí por él” me dice su madre “con eso me destrozaron la vida”.

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