Construir la Paz
o dejar que continúe la guerra

En reciente comunicado del 8 de julio de 2016 la Conferencia Episcopal de Colombia ha dejado manifiesta su posición sobre la Paz, declarándose “artesanos” de la misma y, específicamente, sobre el plebiscito que se avecina donde se ratificará o rechazará el “Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable Duradera”, lo cual ha traído como consecuencia, como es lógico, diversas interpretaciones.
Para salirle al paso a tales comentarios, el 17 de agosto pasado, emitió, a través de su oficina de prensa, otra comunicación en la que categóricamente expresó: “De ninguna manera el comunicado  induce a los colombianos  a votar por el Sí o por el No. Por tal motivo, la Iglesia católica agradece a los medios de comunicación y demás agentes generadores de opinión pública, evitar cualquier mensaje equívoco que ponga en entre dicho la postura clara que el episcopado ha expresado sobre  el plebiscito”. (1)

Ante esta aclaración quedé perplejo, pues el comunicado 101, del 8 de julio, es un texto que invita a construir paz, a ver “con esperanza el diálogo que ha tenido lugar en La Habana”, pero luego como conclusión no se compromete con un respaldo categórico a dicho Diálogo de Paz, cuyo resultado es el Acuerdo Final que se va a refrendar el 2 de octubre. ¿Por qué esta suerte de conclusión no coherente con el cuerpo del texto?
La orientación dada en su segundo comunicado, pareciera que como institución, que acoge a pobres y ricos, negros y blancos, hombres y mujeres, se viera en riesgo de perder feligreses, o al menos debilitar su relación con ellos, al comprometerse con el SI en el plebiscito como se puede colegir de su reflexión sobre las causas del conflicto y la necesidad de construir paz. Pero es muy probable que esto no fuera consenso sólido entre los miembros de los pastores católicos romanos.
Tal vez se ha querido mantener la “unidad de cuerpo”, que siempre ha tenido, de cara a la sociedad para mostrar una sólida y homogénea posición, pero en esta ocasión vemos que dicha homogeneidad no aguantó la divergencia ante el Sí o el No al Acuerdo Final de Terminación del Conflicto y Construcción de Paz.
Una muestra de ello es la carta fechada a 18 de septiembre de 2016, del obispo emérito de Garzón-Huila, Libardo Ramírez, quien, como él mismo dice, hace a sus 44 años de episcopado un “Balance”, “en consonancia con varios prelados”, del Acuerdo Final, para llegar a la conclusión de votar “No a esos acuerdos”. Según el autor de esta misiva pública, dentro de los 20 puntos negativos del Acuerdo, uno de ellos es “Dejar puerta abierta a que los de las Farc, en situación privilegiada sigan intensa campaña de su ideología marxista, lo mismo que la nefasta “ideología del género” (2).
Este argumento deja en evidencia el pensamiento de ese conjunto de obispos que están en consonancia con Ramírez, sobre su intolerancia a las diferencia de pensamiento, en este caso el marxismo, al cual durante muchos años el episcopado colombiano persiguió desde los púlpitos y orientaciones pastorales.

“Lo que deja más preocupación en el pensamiento de estos ‘artesanos de la paz’, es que introduzcan como argumento que en el Acuerdo Final se introduce la campaña de la ‘nefasta ideología del género'”

Pero quizá lo que deja más preocupación en el pensamiento de estos “artesanos de la paz”, es que introduzcan como argumento que en el Acuerdo Final se introduce la campaña de la “nefasta ideología del género”, pues en primer lugar, esa expresión solo existe en quienes no toleran la diferencia de las orientaciones sexuales y, en segundo lugar, no está por ninguna parte del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, con lo cual su argumento es mentiroso, por lo tanto se vuelve esclavo, pues es conocido que el Maestro de los cristianos ha dicho “la verdad les hará libres”.
El obispo emérito, y durante mucho tiempo presidente del Tribunal Eclesiástico, que hace eco al pensamiento de los prelados con quienes tiene “consonancia”, lamenta en la misma comunicación que la posición de los obispos no sea asumida como una “exigencia a sus fieles”, puesto que esto no le “ha parecido ideal”.

Pero así como este grupo de obispos hablan por boca de Libardo Ramírez, así mismo se manifiesta el no consenso episcopal, con la voz categórica del arzobispo de Cali que en días recientes ha manifestado que “Todo ciudadano honesto votará por el Sí”, esto basado en el argumento de no dejarnos atrapar de la polarización, pues “Hay que entender que la paz es el bien superior de una sociedad, por eso me parece muy indebido que se esté agitando tanto la Nación con el bipolarismo político, que ha sido desastroso para el país en toda su historia y ha sido causante de graves violencias”.

A su vez el obispo de Quibdó, Juan Carlos Barreto, a través de un comunicado oficial de esta Diócesis, apuesta por un “resultado afirmativo que busca poner punto final a una guerra totalmente degradada”, teniendo como argumento “los horribles sufrimientos que sobretodo la comunidad chocoana ha padecido igual que muchas otras regiones del país en las últimas décadas, no podemos arriesgar que este momento de esperanza fracase” (Sic) (3)

La Paz es un bien común que los seres humanos buscan desde siempre, aunque cada paso que se da para conseguirla es imperfecto, por eso nos ha de animar el deber ético de ahorrar el surgimiento de nuevas víctimas, para decir Sí en el plebiscito.

“Nos ha de animar el deber ético de ahorrar el surgimiento de nuevas víctimas, para decir Sí en el plebiscito”

Los obispos no lograron llegar a este consenso. Animar a decir Sí en el plebiscito no pone en riesgo la pérdida, o distanciamiento, de los feligreses que apuesten por el No, pues inevitablemente seguiremos caminando en la construcción de país. Prefiero pensar que haya sido ese el motivo de la incoherente conclusión de no tomar posición por el Sí, pues aunque el voto opuesto no signifique necesariamente ir contra de la Paz, como ideal, en la práctica si va a prolongar el desangre y desastre humanitario en el que está sumido el país hace décadas.

Ojalá esta postura supuestamente “aséptica”, “apolítica”, según la cual “De ninguna manera el comunicado  induce a los colombianos  a votar por el Sí o por el No”, no haya sido por un frío cálculo político de esperar a ver quién y qué gana el 2 de octubre para quedar bien con el ganador, olvidándose que el centro de la fe cristiana está en aquella expresión evangélica de “traer vida y vida en abundancia”, muestra de la más grande generosidad de quien no le importó quedar bien con el poder político dominante y prefirió pasar por el castigo horrendo de los delincuentes de su tiempo, es decir, morir crucificado antes que vender su conciencia a quien le puso a sus pies gozar de forma egoísta el poder y el tener.

 (1) Firmado por el director del departamento de comunicaciones, Pbro José Élver Rojas Herrera. (2) Idem (3) Diócesis de Quibdó. Comunicado sobre la Refrendación popular del Acuerdo Final del Gobierno Nacional y las FARC. Quibdó, septiembre 15 de 2016.

*Antropólogo, teólogo y doctor en Antropología. Exdirectivo de la UNICLARETIANA. Acompañante por más de 25 años a pueblos indígenas y comunidades afrocolombianas en el Pacífico. En la actualidad Decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Occidente en Cali y miembro del Comité Coordinador de la Coordinación Regional del Pacífico.