Jesucristo contra la paz con “ideología de género”

Las iglesias cristianas y evangélicas tienen su propia mesa de negociación con el gobierno. Sus votos fueron fundamentales en el plebiscito y su obsesión es la defensa de la familia heteropatriarcal.

El mismo martes 4 de octubre, tras el triunfo del No en el plebiscito sobre el acuerdo de paz, el presidente de la República, Juan Manuel Santos, se reunión con 14 pastores cristianos y evangélicos (en la foto). Ese mismo día renunciaba la ministra de Educación, Gina Parody. Tal y como analizaba en El Tiempo  Álvaro Forero Navas, profesor de la Universidad Externado, el debate de las cartillas de educación sexual impulsadas por Parody “tuvo un impacto en el plebiscito porque fue manejado oportunistamente por el Centro Democrático y por el exprocurador”. Los analistas del Gobierno, de hecho, creen que el plebiscito se perdió, en buena medida, por la prédica en los templos evangélicos y cristianos. Tampoco les ayudó la indefinición de la alta jerarquía católica ni los pronunciamientos a favor del No de algunos obispos.

La fuerza política de los evangélicos tras el plebiscito es tal que hoy mantienen uno de los pulsos más fuertes contra los acuerdos de paz de La Habana. Detrás de los pastores se calcula que hay 10 millones de seguidores para los que su voz es la voz de Jesucristo. Y la voz de los pastores deja claro que no les importa la justicia transicional, ni la reintegración de los guerrilleros, ni las garantías para la participación política. Su obsesión es sólo una: la perspectiva de género que se logró incluir en los acuerdos de paz y que el resto del mundo vio como una avance para ellos es un atentado contra la raíz de sus creencias.

Los evangélicos no hablan de la perspectiva de género sino de la “ideología de género” y no es cambio semántico casual. La palabra ‘ideología’ suele ser un arma arrojadiza. El grupo que la utiliza dice no tener ideología, pero el grupo atacado se mueve por razones “ideológicas” y eso, en la lectura dominante, es malo. Por eso, no hay nada como calificar a algo de ideológico para descalificarlo. Quizá por eso, en los últimos años, la perspectiva de género, una mirada transversal para tratar de limar las injusticias del sistema patriarcal, ha sido calificada como ideología de género.

¿Un invento evangélico?

Quien comenzó a instalar la semilla de la discordia sobre la “ideología” de género fue la Iglesia católica. Juan Pablo II fue el impulsor de la denominada como Teología del Cuerpo en una serie de charlas que dio entre 1979 y 1984. El pensionado Benedicto XVI avanzó en la definición de una especie de diabólica “filosofía de género” y el actual máximo líder de los católicos, el papa Francisco, habla de la “ideología de gender” para asegurar: “Hoy a los niños —a los niños— en la escuela se enseña esto: que cada uno puede elegir el sexo. ¿Por qué enseñan esto? Porque los libros son los de las personas y de las instituciones que dan el dinero. Son las colonizaciones ideológicas, sostenidas también por países muy influyentes. Y esto es terrible”.

La afirmación de Francisco es falsa, pero eso no importa. En tiempos de etiquetas, la revista The Economist dedicó un especial a la mentira o a lo que en tiempos postmodernos se denomina como post-verdad: “La fragmentación de fuentes de noticias ha creado un mundo atomizado en que mentiras, rumores, chismes se riegan con velocidad alarmante. Mentiras compartidas en una red en cuyos miembros confían entre sí más que a los grandes medios, toman la apariencia de verdad”.

La técnica de la mentira repetida no es nueva, pero sí vivimos tiempos de crisis para la verdad… o para las verdades.

En la mentira sobre la “ideología de género” (resumida sería algo así como que se está pervirtiendo a los menores para que cambien de identidad sexual cada vez que les plazca) coinciden así los católicos (ausentes de la mesa), los evangélicos y personajes políticos de peso, como el ex procurador Alejandro Ordóñez o el ex presidente Álvaro Uribe, que la misma noche del 2 de octubre hizo un guiño a los “pastores y líderes morales” que habían advertido sobre las amenazas que conlleva el enfoque de género incorporado a los acuerdos. De hecho, hoy, en una reunión con Santos, Ordóñez ha vuelto a arremeter contra “la ideología de género” y ha asegurado que ha arrancado un compromiso del presidente: “Acordamos que el Gobierno elaborará un documento para purgar la ideología de género de los acuerdos de La Habana, texto que se me presentará en los próximos días para estudiarlo, porque lo importante en esa materia es que logre proteger a la familia y a la niñez colombiana y que ello no afecte las convicciones morales”.

¿Qué hay en el papel?

En las 297 páginas de los acuerdos, básicamente, lo que se recoge es un enfoque preferencial para las mujeres, históricamente marginadas de la propiedad de la tierra o de los proyectos productivos, y hay referencias a la necesidad de tener en cuenta a la comunidad LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexo). No hay muchas concreciones, pero para los negociadores evangélicos y cristianos su sola mención es un reto. Miguel Arrázola, un pastor viral en las redes, difundió un mensaje en que aseguraba que “el anticristo lo tenemos en Colombia”, refiriéndose al acuerdo, y Jorge Trujillo, pastor y ex senador, metió ideología al criticar la ideología: “Cuando los malos son más populares que los buenos, eso se llama anarquía”. Y añadió: “Humberto de la Calle es un ateo radical. La manipulación mundial de la ideología de género que nos quieren implantar en Colombia, lo que no permitimos que el Ministerio de Educación con Gina Parody hiciera con nuestros hijos nos lo quieren imponer a través de los acuerdos”.

Lo que quieren los pastores evangélicos y cristianos que negocian con el Gobierno supondría eliminar toda referencia al género. Si en las 297 páginas no se habla de “ideología de género” sí se pide “la equidad de género mediante la adopción de medidas específicas para garantizar que mujeres y hombres participen y se beneficien en pie de igualdad de la implementación de este Acuerdo”. Toda una amenaza (para los pastores y su rebaño).