La Colombia que Uribe ignora

El expresidente se ha autodenominado vocero de la mayoría de colombianos. Sin embargo, una parte importante de la sociedad le envía mensajes que el líder del Centro Democrático no quiere escuchar.

En la noche de este lunes 21 de noviembre se conocía, a través de la cuenta en las redes sociales de Álvaro Uribe, un comunicado de “Representantes del No y de las víctimas”. Así, en genérico, sin que vaya firmado por el partido político del uribismo, sin saber a qué víctimas representan.

No debe ser a los líderes campesinos asesinados en los últimos días, porque Uribe no hace ni una sola referencia a ellos en su prolífica cuenta de twitter en la que, sin embargo, hay un lugar para el cuarto policía muerto en Antioquia en los últimos cuatro días y mucho espacio para la voz de la periodista española Salud Hernández que, en estos días, anda en defensa de Andrés Felipe Arias y del alcalde de San Vicente del Caguán: “Que habla duro y claro. Eso no es ser matón”.

Parece evidente a quien escucha Álvaro Uribe Vélez, el expresidente de la República cuyo edecán ha sido condenado hoy a 9 años de prisión por lavado de activos y enriquecimiento ilícito. No va a prestar atención a mensajes que se amparen bajo el hashtag #UribenoJodamas (tendencia en estos días en las redes de una parte de la sociedad), ni tomará nota de lo que se pueda decir en las marchas del 2 de diciembre convocadas bajo ese poco sutil lema. Sin embargo, parece sorprendente que un ex mandatario pueda ignorar a una gran parte de la ciudadanía que, tras el plebiscito del 2 de octubre y tras el nuevo acuerdo suscrito por el Gobierno y las FARC el 14 de noviembre está pidiendo la implementación de los acuerdos.

Se lo dijeron por escrito menores de edad que participan en #PazAlaCalle, ese espacio social que ha aglutinado voluntades muy diversas. En una carta pública, los menores de 18 años le pedían a Uribe, a Andrés Pastrana y a Alejandro Ordóñez que “actúen con grandeza y generosidad, sobre todo pensando en el país que le dejan a esta nueva generación”. Les piden que les ayuden a cambiar la historia y a demostrar a niños y jóvenes que “los conflictos por más difíciles que sean, siempre pueden ser resueltos por la vía del diálogo. Debemos reconciliarnos y ser el ejemplo vivo y latente de que dejar el rencor y superar la diferencia es posible”.

Un poco más vehementes fueron las víctimas de Bojayá que, tras el resultado del plebiscito, emitieron un comunicado público en el que hacía una invitación a Uribe que, hasta el momento, no ha sido respondida: “Invitamos al Ex Presidente Álvaro Uribe y al ex Procurador General de la Nación [Alejandro Ordóñez] a vivir en nuestro territorio por una temporada -sin escoltas que los protejan- para que comprendan como es estar en medio del conflicto que nos afecta y de la pobreza, y por qué los acuerdos deben ser respetados por ellos también, sin exigir más cambios ni tiempos dilatorios a La Paz, que necesitamos en los territorios”.

Tres sectores, en teoría, más cercanos a las tesis sostenidas por Uribe, tampoco están siendo escuchados con atención por el exmandatario. Un colectivo de militares encarcelados por delitos relacionados con el conflicto armado hicieron público a mediados de octubre su apoyo a los acuerdos de La Habana y a la Jurisdicción Especial de Paz que ahí se dibuja (uno de los elementos que más disgusta a Uribe). Los 30 firmantes de la misiva expresaban “al pueblo colombiano nuestro absoluto respaldo al Gobierno Nacional” para evitar que las organizaciones políticas que “no nos representan continúen confundiendo a la opinión pública acerca de nuestros intereses”. Los militares se referían sin disimulo al Centro Democrático, el partido de Uribe que, tradicionalmente, decía recoger los anhelos de los soldados privados de libertad.

Por otra parte, esta misma semana, los empresarios, encabezados por Rosario Córdoba Garcés, portavoz del Consejo Empresarial por una Paz Sostenible, que reúne a la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI), la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), al igual que a empresas como el Grupo Argos, Nutresa, Alquería, entre otros, bendecían el nuevo acuerdo ajustado en La Habana y hecho público el 14 de noviembre. En carta pública, el sector empresarial expresaba su “firme apoyo, con la esperanza de que, ahora sí, la paz pueda ser la ruta de los colombianos”. Ni una referencia en las comunicaciones de Uribe y los suyos.

La gota que colmó el vaso de la sordera selectiva del autoproclamado líder del ‘No’ la vertió uno de los sectores que más votos pudo el 2 de octubre para el ‘No’. “Nos gozamos, agradecemos y respaldamos este nuevo acuerdo. Porque contamos con la certeza de que Dios quiere la Paz para Colombia. Porque los PAZcificadores propendemos para que no haya más violencia en nuestra”. Así dice la poderosa iglesia cristiana Casa sobre la Roca, e igual hicieron –apoyando los nuevos acuerdos- otras marcas cristianas como la iglesia Dios Ministerial de Jesucristo Internacional o el Centro Mundial de Avivamento.

Si Uribe no escucha a esos amplios sectores de la sociedad colombiana a los que, hasta hace días, creía representar menos hará con la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) que esta semana convocaba “a toda la sociedad colombiana (…) a continuar saliendo a las plazas públicas, calles y carreteras a la Minga (marcha) por la defensa de la vida, la paz y armonía en nuestros territorios”. Menos aún a las 500 organizaciones de derechos humanos –esas que para el uribismo son un actor del conflicto que no existe- que respaldaron públicamente la Jurisdicción Especial de Paz y que le pidieron a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que esté vigilante para que no se pierda.

En fin… asuntos de oído.