Listos para la paz, listos para la guerra

El encuentro con un miliciano, sin voyerismo y sin exhibicionismo, en medio de la jungla mediática de la #XCONFERENCIA
Paco Gómez Nadal  | Sabana de Yarí

Hay muchas conferencias en una Conferencia Nacional Guerrillera. Está la oficial, pero esa ocurre al margen de la zona pública, en un espacio al que sólo pueden entrar los delegados de las FARC-EP. Ahí se decide el futuro de esta organización. No todos los que han venido están de acuerdo al 100% con lo firmado por sus líderes en La Habana. La inmensa mayoría, sí.

Hay otra conferencia que es la de los medios de comunicación. Algunos, empujados por el afán de la chiva, meten las cámaras en la intimidad de guerrilleras y guerrilleros como si de un zoológico humano se tratara. “Es una semana y nos lo tenemos que mamar, pero el mensaje que queremos mandar es claro: somos transparentes y lo que se cuenta de nosotros es casi siempre mentira”, me comenta una guerrillera que mira ya con un poco de hartazgo al enésimo equipo de televisión que pasa por delante de ella.

Y hay una conferencia cotidiana. Esta familia de finqueros del Yarí que pasean como si se tratara de un buen plan de sábado: “Hemos venido a ver este campamento ya que no pudimos ver lo de La Habana”. Hay una especie de centro comercial improvisado con gente de la zona que vende ropa, cosméticos, hamacas, sombreros, botas o morrales.

Pocas veces van a encontrar a 500 guerrilleros de las FARC tan relajados y de un humor tan dispuesto a la compra. También se venden regalos, porque algunos familiares han venido a visitar a aquellos que normalmente están en clandestinidad. Este guerrillero que puede abrazar a su bebé, esta guerrillera que pasea con los papás… Son pocas las visitas de este tipo, pero casi todas se materializan alrededor de la tienda y el restaurante que ya estaban en El Diamante antes de que el lugar que lleva este nombre fuera tomado de forma pacífica por esta comunidad improvisada de la #XConferencia.

 

Pongamos que este hombre se llama Milton. No viene al caso su identidad. Lleva el pelo muy bien peinado y sus 160 centímetros cargan una elegancia campesina que se traduce en belleza. Es un miliciano campesino y forma parte de uno de los 63 frentes de las FARC. Entrará al proceso de paz. “Aunque si los jefes no creen que debo entrar en la lista de beneficiarios de la desmovilización yo igual le apuesto al proceso, porque yo ya he aprendido mucho de ellos y de la organización”.

“Si los jefes no creen que debo entrar en la lista de beneficiarios de la desmovilización yo igual le apuesto al proceso, porque yo ya he aprendido mucho de ellos”

Milton, pongamos que se llama así, lleva 16 años en las FARC-EP, exactamente la mitad de su vida y es parte de la tupida estructura civil que hace trabajo político en las veredas. Algún tiempo lo pasó armado, algún tiempo lo pasó encarcelado –“Nunca me pudieron probar nada, pero es que me sapeó alguien que desertó de nuestra propia organización”. Hace dos años recibió la noticia de que un hermano por parte de madre saltó por los aires en un ataque del Ejército. Más de una vez, ha sido testigo de “los errores” de las FARC, “pero esto es una guerra y a veces caen inocentes… maluco”.

Milton, de llamarse así, cree en el proceso de paz, en lo negociado en La Habana. “Los jefes consiguieron que el Gobierno aceptara lo más difícil, y es que tienen que acabar con los paramilitares porque si eso no ocurre no hay proceso”. El “enemigo”, como denominan todos los miembros de base de las FARC al Estado (los comandantes del estado Mayor suelen hablar del adversario), va a seguir estando ahí, según me explica Milton, “porque el enemigo es el hambre del campesino, el egoísmo del Gobierno y de los ricos que no invierten en nosotros”. Milton es campesino. Tiene la piel tostada del campesino, las manos trabajadas del campesino, la forma de calzar las botas pantaneras del campesino y una amplia y visible cicatriz en el pecho que habla de la guerra que libra hace tres lustros.

“El enemigo es el hambre del campesino, el egoísmo del Gobierno y de los ricos que no invierten en nosotros”

“Vamos a ver qué pasa… si terminan con los paras y el acuerdo se aplica en el campo… pues vamos pa’lante, yo estoy comprometido. Pero mi compromiso es político y si traicionan lo pactado, pues se vuelve. Ninguno de nosotros tiene pereza de coger las armas. Se lo digo más claro, va a depender mucho del Gobierno: nosotros estamos para la paz como estamos para seguir con las armas. Nosotros sabemos cómo golpear al enemigo y si no han podido con nosotros en todos estos años y con ese Ejército y sus aparatos, pues tampoco ahora”.

Colombia, un lugar con dos gobiernos

Milton, que puede ser William, Jesús o Norberto, quiere explicarle al mundo que Colombia es un lugar peculiar que tiene, al menos, dos gobiernos. “Está el Gobierno de Bogotá y está el Gobierno de las FARC. En zonas como la mía, los campesinos no podríamos vivir en paz si las FARC no fuera nuestro gobierno y eso ha sido así por muchos años”. También está interesado en contar que las FARC han cometido muchos errores, “pero los jefes han logrado que se mejore mucho eso”. Milton lo atribuye “a esa cantidad de sapos, de infiltrados, que nos metieron cuando la zona de despeje del Caguán”, a la falta de compromiso político de mucha gente que “se ha metido a la guerrilla por gusto o sin tenerla clara”, y al canto de sirenas del Gobierno “que promete de boca mucha plata al que deserte y sapee, pero que luego no cumple”.

“En zonas como la mía, los campesinos no podríamos vivir en paz si las FARC no fuera nuestro gobierno y eso ha sido así por muchos años”

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El acoso mediático

Este miliciano quiere contarlo pero también se queja de la actitud de muchos de los medios que están acá. “Hemos querido que se vea todo, pero respetan poco”. Tiene razón. El acoso mediático es tal que algunos medios –como este naciente- dan un paso atrás. Conversar con una Póker en la mano (es la bebida más solicitada en el campamento de la X Conferencia) o escuchar sin meter un micrófono o una cámara, empieza a parecer una rareza. La reflexión sobre el papel de los medios es uno de los pendientes de este proceso. Mientras, las prácticas son las de siempre: a las 2 de la tarde ya había instalados 21 trípodes de cámaras para la primera conferencia de prensa que el portavoz oficial, Carlos Antonio Lozada, tenía que dar 3 horas después.

“Esta mañana vi como metían la cámara en una caleta donde aún dormía un guerrillero”, señala escandalizado uno de los visitantes comprometidos. Ellos también tiene su propia conferencia. Algunos sindicalistas experimentados, algunos miembros de movimientos socPiales de referencia, internacionalistas fascinados con la mítica guerrera… las conversas y los espacios que generan, son otros.

Milton sigue hablando, con voz tenue, con discurso duro. Se siente en su narración el empeño de no ser derrotado y la seguridad de que la batalla sigue. La burbuja de la X Conferencia termina en una semana. Después, los temores y las seguridades de Milton, que podría ser que puede ser William, Jesús o Norberto, irán tomando cuerpo. Para él, ahora, lo único importante es proteger a su familia. Ni fotos, ni nombre, ni ubicación. Tampoco se la hemos pedido. “Ellos [el Gobierno] saben en qué estoy, pero ahora hay que cuidarse más que nunca”.