La narrativa de la Fuerza Pública se toma el Centro Nacional de Memoria Histórica en solo 48 horas

El pasado 21 de agosto se anunció el nombramiento de D’Mar Córdoba Salamanca como director del Centro Nacional de Memoria Histórica y las redes sociales de la entidad pública confirman el cambio radical en su narrativa. Desde el 28 de agosto la memoria dominante es la de la Fuerza Pública.
Equipo Colombia Plural

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D’Mar Córdoba Salamanca se esforzó en su primer mensaje como director del Centro Nacional de Memoria Histórica (NMH) en asegurar que no niega el conflicto armado en Colombia sino que ha cuestionado “el uso político de una categoría jurídica”. “No vengo a modificar, retirar ni modificar informes”, aseguraba, porque la ley impide al Estado imponer una verdad, pero anunció que, según él, hubo miles de voces que no alcanzaron a entrar en los informes del CNMH. “Llegó la hora de las voces que no tenían voz”, cerraba su breve discurso Córdoba Salamanca, aunque obviaba que el CNMH ha documentado todo aquello que él afirma que ha quedado fuera: secuestros, reclutamiento forzado o las víctimas de la Fuerza Pública. Es necesario recordar que el director del CNMH es abogado y periodista, ha hecho parte por 20 años del programa radial La Hora de la Verdad del exministro Fernando Londoño Hoyos, es un enemigo feroz de los acuerdos del Estado con las FARC y se ha declarado partidario de la «batalla cultural» contra la izquierda.

Lo que ha ocurrido en realidad es un cambio radical en poquísimas horas. Además de las felicitaciones por su nombramiento del mayor general (r) de la Policía Nacional, Luis Herlindo Mendieta, o de la Asociación Colombiana de Oficiales en Retiro de las Fuerzas Militares (Acore), el mismo viernes 28 de agosto alababa la ceremonia religiosa organizada por la familia presidencial en la Plaza de Bolívar de Bogotá, obviando su carácter confesional: “Anoche la Plaza de Bolívar se llenó de luz. Velas encendidas por las víctimas del terremoto del 10 de agosto y por los que todavía se buscan. Desde el CNMH acompañamos a las familias: un país que sabe hacer duelo junto es un país que sabe reconstruirse”. Un acto que nada tiene que ver con el mandato del CNMH pero sí con la estrategia narrativa del Gobierno de Abelardo de la Espriella.

Justo antes, este mensaje sin ninguna justificación aparente: “Ningún regreso es completo cuando el país no escucha. A los miembros de la fuerza pública víctimas de secuestro y a sus familias: su memoria hace parte de la historia de Colombia. Recordar es reconocer”. Y, a partir de ahí, un leguaje militarista y una memoria militar. “Admirable, Deisy Dorelly Guanaro. Víctima del terrorismo que no pudieron callar. Hoy es memoria viva de la barbarie de las FARC. Gracias a la gestión de Camacol Bogotá y Cundinamarca, hoy recibe su casa. Su voz, como la de todas las víctimas, está presente en el CNMH”.


El 30 de agosto, el Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada, D’Mar Córdoba Salamanca tuerce el argumento incnluyendo una imagen con datos de “desaparecidos” (sin incluir la palabra “forzados”) en la que incluye a las personas secuestradas o a los reclutados forzados de los que no se conoce el paradero para después afirmar que “[E]l desaparecido no tiene bando y la búsqueda no se agota en unos nombres”, aunque en los datos que se ve obligado a comunicar que “6 de cada 10 víctimas” se atribuyen a la acción del paramilitarismo. Igual sí hay “bandos” más afectados que otros, aunque en un nuevo equilibrio narrativo eliminan la filiación de la persona desaparecida forzada para afirmar que “las labores de campo eran las ocupaciones más frecuentes” de estas víctimas: es decir, no pertenecían a un grupo étnico ni a la Acción Comunal ni a organizaciones de defensa de la tierra, etcétera. ¿La nueva hipótesis del nuevo CNMH es que ha habido una política de desaparición forzada contra el campesinado?

Claro, que para destacar la efeméride, sólo elige un caso: el del ingeniero Óscar Donal Rosas, “secuestrado y desaparecido por los terroristas de las FARC”. “La desaparición forzada en Colombia fue cometida por actores armados de distinto origen, y todas sus víctimas tienen el mismo derecho a la verdad, a la búsqueda y a la memoria. Reconocemos la labor de Federación Colombiana de Víctimas de las Farc-Fevcol y de Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas”. Ni una referencia a las mujeres buscadoras, a las asociaciones de familiares víctimas de desaparición forzada ni a las víctimas de crímenes de Estado.

 

Los siguientes mensajes compartidos por el CNMH en su cuenta de Facebook se refieren al reclutamiento forzoso, otra vez por los “terroristas” de las FARC (que han perdido la condición de grupo armado, guerrilla o grupo subversivo ante el nuevo CNMH) — “#NoOlvidar Al menos 18.677 niños fueron reclutados por los terroristas de las FARC entre 1996 y 2016. Lo establece la JEP. No es una cifra, son 18.677 infancias arrebatadas. El CNMH acompañará los procesos de esclarecimiento y construcción de memoria de estas víctimas, muchas de las cuales aún no han sido escuchadas”. Ignora el nuevo director que el portal de datos del CNMH tiene un apartado específico sobre reclutamiento forzado y que, entre otros muchos trabajo, publicó con fodnos públicos la publicación “Testimonios de la Rosa Blanca: historias de mujeres víctimas de reclutamiento forzado, violencia sexual y basada en género por parte de las FARC-EP”.

Aunque el nuevo Centro Nacional de Memoria Histórica no ha considerado motivo de su sección “#EfeméridesCNMH” que el 30 de agosto de 1987 fue desaparecida forzada Nydia Érika Bautista, por ejemplo, sí se acuerda con varias publicaciones que en esa fecha, pero de 1996 “cerca de 450 integrantes del Bloque Sur de las FARC atacaron la base militar Las Delicias, en Puerto Leguízamo (Putumayo). La arremetida de 16 horas dejó 27 militares muertos, 16 heridos y 60 soldados secuestrados durante casi diez meses. El hecho constituyó una de las mayores acciones contra la Fuerza Pública y marcó la historia del conflicto en el sur del país”.

Si nada cambia, parece que regresó el soliloquio de las voces que monopolizaron la narrativa durante el mandato de Darío Acevedo al frente del CNMH, cuando el Centro fue excluido (2020) de la Coalición Internacional de Sitios de Conciencia (con más de 200 museos y memoriales en más de 60 países) por realiza una labor «negacionista» al reducir el conflicto armado a una lucha entre el Estado y los «terroristas».

 

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