Las FARC se aplican para entender el universo LGBTI

Dicen no ser homofóbicos, pero también defienden que su origen campesino los ha hecho moralmente conservadores. Ahora, tras las negociaciones de La Habana, las FARC “estudia” sobre diversidad sexual para poder apoyar las reivindicaciones LGBTI
Paco Gómez Nadal  | Sabanas de Yarí

El acuerdo de la subcomisión de Género de las negociaciones en La Habana entre el Gobierno y las FARC-EP es pionero por varias razones. Es el primero que introduce en unos acuerdos para la finalización de un conflicto armado la perspectiva de género y, si duda, es el único, hasta el momento, que tiene en cuenta a la comunidad LGBTI (Lesbianas, gais, bisexuales, transexuales e intersexo). Hay 10 referencias a estos colectivos en las 297 páginas de los acuerdos gracias a la intervención en la subcomisión de organizaciones defensoras de sus derechos y las comandantas de las FARC-EP que han participado en las discusiones admiten que a su organización le falta mucho hasta incorporar con naturalidad la diversidad sexual.

“Venimos de una tradición muy campesina, con posiciones muy conservadoras en asuntos morales… la mayoría de nuestras y nuestros combatientes provienen de familias cristianas…”, justifica la comandante Isabela Sanroque. Reconoce que la guerrilla de la que forma parte ha sido y es “heterosexual” hasta este momento histórico de su desarme. “Es casi seguro que dentro de las filas hay personas LGBTI, pero oficialmente las FARC no permiten que ingresen personas que abiertamente se identifiquen así… y eso ocurre porque hay muchos vicios machistas, mucho desconocimiento”.

La comandanta Victoria Sandino cree que la disculpa oficial de la guerrilla -algo así como que abrir la puerta a personas homosexuales o trans traía problemas en un contexto de guerra- ha sido eso: una disculpa. “En realidad esa negativa a aceptarlo tiene más que ver con condiciones culturales, patriarcales, por esa estructura mental de las gentes que estamos en la guerrilla”. Sanroque lo completa: “Las FARC también son el reflejo de la sociedad colombiana”.

“Tiene más que ver con condiciones culturales, patriarcales, por esa estructura mental de las gentes que estamos en la guerrilla”

Ambas comandantas creen que, una vez dejadas las armas y convertidos en partido político legal y conformado por civiles, aflorará una realidad oculta. “Tenemos que ser autocríticos”, reconoce Sandino, “porque sí tenemos (personas LGTBI) entre los combatientes, porque sí están en las filas, y porque sus aportes no pueden depender de su identidad sexual o de género”. Su compañera, Isabela Sanroque, está segura de que “toda esa diversidad aflorará… y será genial”. Claro que Sanroque repite varias veces que “las FARC no son homofóbicas”. “En nuestras estructuras políticas, en las milicias, en el Partido Comunista Clandestino o en el Movimiento Bolivariano hay compañeros y compañeras LGBTI y muchos ocupan posiciones de liderazgo”.

Así que ahora a estudiar para “poder elaborar una línea política sobre la comunidad LGBTI”. “Nos ha sorprendido lo bien organizados que están, la claridad que tienen en sus reivindicaciones (…) y nos sorprende que tienen una cultura política muy democrática, no digo de izquierdas o revolucionaria, pero sí muy democrática”. La percepción de Sanroque es que la comunidad organizada LGBTI pertenece, en su mayoría, a “clases acomodadas, con privilegios, pero también hay personas que sufren exclusión por esta razón en las clases populares”.

Las FARC-EP han entrado en contacto en La Habana con una parte de la realidad que se salía de sus radares. Aún así, Sanroque se conecta con una comunidad tan invisibilizada como real: “Sus exigencias son muy válidas y desde ya las respaldamos”.