Lo que Hollande no verá ni sabrá de Colombia

La visita oficial del presidente de Francia es capitalizada por Juan Manuel Santos como un espaldarazo a sus políticas relacionadas con el conflicto. Queda mucho fuera de la agenda.

(imagen del momento en que Hollande
recibe un ‘balígrafo’ de manos de Santos)

Cenas oficiales, firma de convenios, largas conversaciones con Humberto de la Calle o Sergio Jaramillo, celebraciones públicas del año cultural Colombia-Francia 2017, encuentros con la comunidad gala en Bogotá… François Hollande, el presidente casi saliente de Francia, ha llegado a Colombia para respaldar a su homólogo, Juan Manuel Santos, pero no necesariamente para conocer la realidad diversa y compleja del país. Aterrizó para esta visita de dos días lastrado por una bajísima popularidad en su país, que no supera el 15%, y habiendo renunciado a presentarse este año a la reelección en un cargo que rondan el conservador Francois Fillon, y la ultraderechista Marine Le Pen.

Ni una reunión con organizaciones de derechos humanos, ni de víctimas… “He venido a Colombia, lo primero, a reconocer la determinación y el coraje del presidente Santos”. Y Santos así lo ha entendido pactando una agenda de palacio en la que la grieta -controlada- es la visita hoy a la zona veredal de concentración de las FARC de Caldono (Cacuca), una de las pocas ‘mostrables’ ya que la mayoría sigue con problemas logísticos.

En las 48 horas que está pasando en el país, Hollande ha firmado 6 convenios o cartas de intención con el Gobierno, aunque ninguno parece sustanciales: el año cultural, una hoja de ruta para potenciar el turismo, la hoja de ruta de la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD), un acuerdo de cooperación entre el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) y el Instituto Francés de Estudios Andinos (IFEA), el desarrollo de un proyecto piloto del catastro rural en la región de La Mojana (Sucre), y una vaga carta de intención “en cuanto a la formulación, estructuración y ejecución de sistemas de información vinculados con infraestructuras en materia de seguridad y defensa”.

Desde 2010, Francia le ha apostado más a los préstamos blandos que a la cooperación no reembolsable con Colombia. De hecho, mientras ha concedido 2.000 millones de euros en créditos concesionales (en condiciones más favorables que las del mercado), sólo ha desembolsado en estos 6 años unos 18 millones de euros en cooperación técnica no reembolsable (unos 9.300 millones de pesos al año).

Una vez superados los saludos militares y las reverencias al presidente de Francia, qué se ha perdido Hollande en su visita a Colombia. Estos son sólo algunos de los temas clave:

Las víctimas

Hollande se ha reunido esta mañana con representantes de cinco organizaciones  de “víctimas”. Para la comunidad internacional, si hay que considerar a Hollande un representante válido de ésta, el acuerdo y su implementación, en todo caso, parece un asunto a tres bandas (Gobierno, FARC y comunidad internacional) en el que las víctimas no participan como sujetos determinantes sino como invitados a los que ‘consentir’. Hollande se perderá este viernes 27 de enero la concentración de víctimas que está convocada en Bogotá ante el “incumplimiento” en los compromisos de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras de 2011.

Los derechos humanos

La violación de los derechos humanos continúa en el país a pesar de los discursos grandilocuentes de la paz. En 2016 fueron asesinados, al menos, 117 líderes y lideresas sociales y defensorxs de derechos humanos. En lo poco que llevamos de 2017 ya se contabilizan 10 asesinatos de este tipo. Las estadísticas no alcanzan a recoger el hostigamiento, amenazas y asesinatos a campesinos, mujeres y miembros de comunidades étnicas, especialmente en los territorios abandonados por las FARC, tal y como señalaba en su último informe Indepaz. Tampoco sabrá Hollande de la persistente violencia contra los líderes sindicales, que no parece ya relacionada con conflicto armado alguno. A 25 de noviembre de 2016 se registraban ya en todo el país 182 violaciones contra la vida, la libertad y la integridad de las personas que participan en los sindicatos. De hecho, de esas 182 agresiones, 14 terminaron con homicidios. Es probable que ni Santos, ni De la Calle, ni Jaramillo le hayan contado al presidente francés de la última condena a Colombia por parte de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y que, una vez más, vincula el accionar de la fuerza pública con el paramilitarismo y la violación de los derechos humanos de las y los civiles.

Los DESCA

Si hay una situación dramática que está aflorando en Colombia al rebajarse la narrativa casi asfixiante del conflicto armado es el grave incumplimiento de los Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales del país. El último informe del DANE sobre informalidad en el empleo confirma que casi la mitad (el 48,8%) de las personas que trabajan en el país lo hacen en la informalidad, es decir, sin garantía para sus derechos laborales, su salud o su pensión. Todos los índices de Necesidades Básicas Insatisfechas se acentúan en las comunidades étnicas del país y el propio Gobierno reconoce que hay un 40% de la riqueza nacional que se concentra en las manos de un 1% de la población. Igual ocurre con el acceso a las tierras productivas, tal y como reflejó el Tercer Censo Agrario cuya fotografía mostraba cómo un 0,4% de los propietarios acumula el 46% de la tierra productiva, mientras el 70% de los pequeños propietarios (con hasta 5 hectáreas) sólo posee el 5% de la tierra cultivable. En cuanto a los conflictos socio-ambientales, uno de los principales campos minados del postconflicto armado, el último informe del CINARA de la Universidad del Valle señala 115 de esos conflictos activos, 92 de ellos en las zonas rurales. No irá Hollande a la trinchera antifracking de San Martín (Cesar) ni a la Guajira ni conocerá de los problemas de inseguridad alimentaria que están provocando la muerte de niños y niñas por desnutrición allá y en otros territorios indígenas del país.

La cristianización de la política

Para un presidente socialdemócrata de Francia, el país del culto civil al laicismo, debería ser un escándalo la influencia que está retomando la religión en las políticas públicas de Colombia. Los ejemplos son recientes: los votos puestos por evangélicos y católicos apoyando el No al proceso de paz en el plebiscitio del 2 de octubre, la satanización de las políticas de igualdad género y de respeto de la diversidad sexual (bajo el mentiroso concepto de “ideología de género”), el referendo para acabar con la adopción de niños y niñas por parte de parejas homosexuales… Colombia avanza hacia un estado religioso donde el poder electoral de los fieles de iglesias cristianas y católicas con diferentes franquicias no es ignorado por la derecha y es incorporado, incluso, por la guerrilla de las FARC, en proceso de desarme e incorporación a la vida civil.

Más violencia contra la mujer

A pesar del escándalo, a principios de diciembre, por la violación y asesinato de la niña indígena Yuliana Andrea Samboni, la realidad es que no existen políticas reales ni inversión suficiente para frenar la violencia sexual contra niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres. De hecho, el Instituto de Medicina Legal confirmaba en diciembre que la situación va a peor. De enero a octubre de 2016 se registraron algo más de 15.000 casos de violencia de género y contra la mujer, un 7,5 % más que en el 2015. El incremento fue significativo en agresiones contra niñas de 10 a 14 años. Las FARC han alertado sobre un incremento de los problemas de salud y de seguridad para las mujeres que integran su movimiento.

Y, en general, tal y como señalan Génica Mazzoldi e Isabel Marín, de la Fundación Ideas para la Paz, “en el caso de Colombia, el incremento de la violencia contra la mujer en períodos de transición no es la excepción. La experiencia internacional ha mostrado que las mujeres siguen siendo vulnerables a hechos de violencia después de un conflicto armado. En países que han experimentado procesos de transición hacia la paz se han identificado incrementos en violencia doméstica, abuso sexual, trata de personas con fines de explotación sexual y prostitución forzada en las zonas de postconflicto, lo que ha socavado sus procesos de construcción de paz”.

El presidente Hollande podría ver mucho más, incluida la galopante corrupción que carcome todas las estructuras del Estado, pero para ello debería hablar con los actores diversos de la realidad del país. La visita no parecía diseñada para que eso sucediera.