“Aquí se está jugando la vida”

Las organizaciones sociales se posicionan ante la ajustada victoria del No en el plebiscito. Más inclusión política y más peso de los territorios son los ingredientes para seguir apostando a la paz.

5:00 pm del 2 de octubre de 2016. A esa hora la sociedad colombiana y la comunidad internacional ya conocían los resultados del plebiscito que debía ratificar o rechazar los acuerdos de paz entre el Gobierno y las FARC-EP. Los partidarios del No lograron una victoria apretada (o con un empate técnico por una diferencia de 53 mil votos).

“Hay que tener certeza de que no hay una derrota, ni una victoria, esta es una situación de crisis”, analiza José Antequera Guzmán, candidato al Nobel de Paz 2016 y quién participó en una de las delegaciones de víctimas que estuvo en la mesa de negociaciones en La Habana. Antequera asume que el movimiento social que votó por el Sí debe hacerle comprender a quienes votaron por el No que “hubo muchas mentiras”.

Este líder social, como otros, conserva la esperanza de poder avanzar en el proceso de paz, esta vez apostándole a una pedagogía que permita desmentir algunos mitos que circularon durante la campaña del plebiscito. “El No fue sin convicción, la mayoría de los que votaron por el No, seguramente no conocían los acuerdos”.

Desde Quibdó habla Luis Alberto Rivera, integrante del Movimiento Ciudadano por la Paz, quien quiere pensar que el desconcertante resultado se convierte en una oportunidad pedagógica para seguir construyendo caminos para alcanzar la paz con justicia social.

Los departamentos que mayor votación dieron por el Sí en el plebiscito fueron Chocó (76.76%), Vaupés (78.05%), Cauca (67.39%), Putumayo (65.50%) y Nariño (64.81%), según datos de la Registraduría Nacional. Estas zonas, además, son de las que tienen altos índices de Necesidades Básicas Insatisfechas y de fuerte impacto de la guerra. Es el ejemplo del Chocó, con un 79.2% de NBI, según datos del DANE, y que padeció un fuerte desplazamiento interno y la lamentada y conocida masacre de Bojayá, territorio en donde las FARC-EP presentó el pasado 29 de septiembre, un Cristo Negro como acto simbólico de reparación a las víctimas. “Creemos que es necesario que la opinión de las víctimas, de quienes votaron Sí en las regiones afectadas por el conflicto no sea opacada por el No”, pide Rivera.

La pregunta sobre la posibilidad de que siga el conflicto armado con las FARC que ha durado más de 50 años rondó en las mentes de muchas personas que votaron por el Sí. El saldo de 8 millones de víctimas, según el registro oficial de la Unidad para las Víctimas, es demasiado pesado como para no temer al futuro.. “Estamos en un punto de partida, hubo una respuesta (a favor de los acuerdos) de la gente que ha sufrido la realidad de la guerra… Ahora debemos abrir espacios para la escucha y reconocer la respuesta que nos damos a nosotros mismos”, dice Aura Elena González o Maye, como la conocen en Guapi, en donde hace parte de la organización Mujeres Rurales de Guapi – Ríos Unidos. Este municipio del litoral pacífico caucano respaldó el plebiscito con un porcentaje del 93.09% de votos por el Sí.

Los resultados favorables del No en el plebiscito no entierra la esperanza de paz que tiene la sociedad colombiana, es necesario que “el Gobierno respete la decisión del No, estamos empezando desde cero y ahora se debe garantizar un mayor acercamiento ciudadano, replantear el proceso de negociación. Se debe descentralizar la negociación”, agrega con vehemencia Luis Alberto, “debe haber un proceso bastante amplio y de participación ciudadana, muy democrático y popular para que no haya necesidad de un plebiscito, mesas ciudadanas en todas las regiones con todo el pluralismo político y ciudadano participando”.

A pesar de los niveles de incertidumbre sobre lo que pasará en adelante con los acuerdos de paz firmados el 26 de septiembre de 2016 en Cartagena, las partes en conflicto se reunirán nuevamente en La Habana, la ONU ya envió su representante a la mesa de negociaciones y el cese bilateral al fuego sigue vigente. “Lo fundamental es esperar la respuesta que venga de La Habana, defender el cese al fuego y defender que el campo de la solución por la vía política se mantenga”, sostiene Antequera casi de forma paralela a que el máximo comandante de las FARC, Timoleón Jiménez, emitiera un segundo comunicado desde el final del plebiscito volviendo a comprometerse con la vía política no armada.

“El uribismo no tiene un cheque en blanco por la victoria del No, ya el gobierno y las FARC decidieron mantener el cese al fuego bilateral y con esto ya hay una responsabilidad política frente a lo que ocurra en medio de la crisis”, agrega Antequera.

Las organizaciones sociales continúan haciendo esfuerzos locales, regionales y nacionales de construcción de paz. “Ahora más que nunca estamos llamados a seguir trabajando y luchando por la paz de todo Colombia, por la paz de nuestros territorios”, animaba Luis Fernando Arias, Consejero Mayor de la Organización Nacional Indígena de Colombia – ONIC, en un comunicado frente a los resultados del plebiscito. La ONIC lamenta “profundamente” el resultado del plebiscito y convoca a sus bases sociales y políticas, y a los sectores populares “a movilizarnos masiva y contundentemente en defesa del acuerdo de La Habana”. Respaldan al equipo negociador de la habana y rechazan cualquier acuerdo que se convierta en “el pacto de otro frente nacional de las élites de la derecha y las insurgencias”. También llaman a la negociacio´n pública con el ELN.

Desde la Comisión de Colombiana de Juritas se reitera el apoyo al proceso de paz y se plantea como paso previo para aportar soluciones al “momento de incertidumbre actual” la celebración cuanto antes del Pacto Político Nacional consignado en el punto 3.4.2 del Acuerdo Final, “para que todas las fuerzas políticas y sociales se comprometan a no utilizar nunca más las armas y la violencia en la política”

La esperanza también significa que no se puede dejar a un lado elementos clave como “el territorio, su grupo poblacional con sus diversidades internas. El punto de partida debe ser el territorio y la escucha de quienes participan políticamente, sin olvidar que el territorio tiene unas realidades, que hay una dimensión cultural con una historia de quiénes somos… todos estos son actos de resistencia y hay que visibilizarlos”, argumenta Maye.

Muchos desafíos se plasman en medio de un ambiente polarizado según los resultados de la consulta vinculante del domingo, que deja en espera el momento de conformación del nuevo movimiento político sin armas que pretende constituir las FARC. Pero, en todo caso, el impulso por la consecución del fin del conflicto armado no se pierde, como insiste Arias: “Aquí no se está jugando la paz y la guerra, aquí se está jugando es la vida, se está jugando el futuro de nuestro país y sobre todo de la posibilidad de transformación real y efectiva de nuestra nación, en una nación en paz, sin violencia como siempre la hemos soñado”.