Gais y lesbianas en Quibdó: de Locomía a la lucha política

En el Chocó hay un movimiento con sello propio. Lo que empezó hace un cuarto de siglo en los escenarios hoy ya transita por la incidencia política.

1984. Xavier, Luis Gard y Manuel irrumpen en la discoteca KU de Ibiza (España). Hombreras y abanicos, glam, moda… Locomía fue un fenómeno en los años 80 y la sombra de sus coreografías y música llegó a David Bowie, al que acompañaron en su gira Glass Spider.

1990. Manolo, Erlin y Misael se preparan para hacer temblar la ciudad de Quibdó (Chocó). Hombreras, abanicos, un punto de transformismo y su orgullo gay es expuesto en discotecas, primero, y en las famosas fiestas de San Pacho, después. Nace Locomía Chocoana.

Manolo Rosero, uno de los padres del movimiento gay en el Chocó, murió en 2011 pero su nombre sigue sonando entre los “maricas”. Porque en Quibdó, epicentro de este imparable movimiento, marica es marica y términos como LGBTI son tan nuevos como minoritarios. Incluso ahora, que existe Ébano Diverso como proceso organizado o que la Familia L, de las lesbianas, cada día tiene más fuerza, o que los políticos han comprado el marasmo de siglas para presumir de la inclusión que no siempre acontece.

“Aunque en los proyectos de Ébano Diverso se hace una reivindicación de ‘la comunidad LGBTI’ en la práctica ellos sólo hablan de ‘los gais’ o eventualmente de ‘los maricas’. Esta última categoría corresponde al término a través del cual fueron históricamente nombrados por la población, fue resignificada por ellos y es asumida con orgullo. Ahora bien en la dupla gais/maricas se enuncian también aquellas que se travestizan o que se transforman para ocasiones específicas. Así, me di cuenta que la categoría LGBT tenía significado para mí pero no para ellos. No había una agenda política de la T ni mucho menos de la B”. Jaime García-Vila termina su pregrado en la Universidad del Rosario de Bogotá con la madurez y el trastoque de imaginarios que le ha dado su acercamiento a una realidad tan desconocida como la de Quibdó.

Erlin Mena es hoy la cabeza visible del movimiento gay en el Chocó. No sólo fundó y pertenece a Ébano Diverso, sino que ahora es el representante nacional LGBT de las comunidades afrodescendientes y de los raizales. Recuerda los inicios y los conecta con el presente. “Hace 26 años hubo una revolución en el departamento con un grupo de baile que se llamaba Locomía. Yo traje esos bailes acá, me conseguí con otros dos gays (Manolo Rosero y Misael Córdoba) y empezamos a bailarlo. Un señor muy conocido acá nos bautizó la ‘Locomía Chocoana’. Fue un fenómeno en un territorio de estos donde ser gay y ser libre era un problema. La gente cuando iba a abuchearnos o tirarnos piedras veían que ahí había arte. Empezamos a ir a los municipios, y en la primera gira éramos recibidos con agresividad, pero en la segunda ya había curiosidad e interés, la gente pagaba su entrada por vernos”.

Manuel, Erlin y Misael, cuando formaban Locomía Chocoana

Manuel, Erlin y Misael, cuando formaban Locomía Chocoana

Si las fiestas de San Pacho y las discotecas fueron el primer espacio en el que se entendió que la homosexualidad no tenía que ver sólo con la sexualidad, ahora son las peluquerías de Quibdó el canal de transmisión de unas reivindicaciones políticas que ya sobrepasan ese espacio cultural donde se diluyen las diferencias. “Hay ese riesgo [de quedar confinados a peluquerías y discotecas] y en realidad eso es lo que sucede en la mayor parte de las ciudades. En Quibdó también sucede, sobre todo con los espacios culturales, porque para ellos ha sido muy difícil encontrar un canal de expresión política distinto a ese. Sin embargo, las peluquerías les han dado lugar para que penetren el resto de la sociedad a través de sus clientes, es decir, terminan haciendo parte de todo el conjunto e interactuando con los demás partiendo de sus lugares de trabajo”, explica Jaime García-Vila, politólogo que ha trabajado estos últimos dos años de cerca con el movimiento de gais y lesbianas en Quibdó.

“Que no nos vean como las lesbianas, que no nos vean como los gais, que no nos vean como los trans, o así por el estilo, sino, que nos den un lugar en la sociedad. Porque somos humanos ante todos. Merecemos respeto, merecemos nuestros derechos” (Lucina, entrevistada por García-Vila, 2015).

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Erlin Mena es el representante afro en la mesa nacional LGBT

“En el Chocó, si eres negro ya eres discriminado; si eres pobre, doblemente discriminado; si eres gay… es terrible. Es luchar contra todos esos sistemas sociales, nosotros estamos muy comprometidos para conseguir que tengamos derechos como los demás; yo estoy comprometido en trabajar en las orillas de los ríos… porque lo que hay es ignorancia, la gente cree que por ser diversa no puede ir a un colegio, educarse, ser tratado igual que el resto…”.

Erlin tiene ahora un discurso más político y basado en las luchas nacionales para el reconocimiento de la diversidad. Y reclama dignidad. “Este año (2016) se dieron muchas cosas negativas con nosotros. Por primera vez desde que somos organización no salimos en las fiestas de San Pacho y eso que hay turistas que vienen sólo a vernos, peor no salimos… Tampoco celebramos la parada gay porque estamos cansados de andar mendigando para hacer algo que al pueblo le exalte. No hay apoyo de la alcaldía ni de la gobernación”.

Jaime García-Vila cree que “este movimiento se está politizando y eso es bueno es porque ese es el camino. Las expresiones culturales son un canal para poder ganarse un espacio en una sociedad cerrada al tema, pero… una vez ganado el espacio y el respeto por parte de los demás, el camino es tener unas manifestaciones políticas de reivindicación de derechos. Ahora, entrar en las contiendas electorales es lo que representa un problema, en la medida en que los grupos políticos no los toman en serio y sus peticiones se quedan en eso”.

Se culturizó tanto el Chocó [en diversidad] que están listos para tener un concejal gay. De hecho, es necesario porque es desde los puestos políticos que se puede hacer incidencia. Pero hace falta mucha plata porque aquí cada voto es comprado”.

Erlin reivindica el papel de la comunidad gay y lesbiana como víctimas del conflicto y su participación en las discusiones departamentales y nacionales. De hecho, no ha parado hasta conseguir que hace unas semanas los recibiera el Gobernador del Chocó, Jhoany Carlos Alberto Palacios Mosquera, y se comprometiera con el movimiento. “Nosotros somos afectados por la violencia… a mi papá lo mataron las FARC y yo tuve que salir del territorio. Es la historia de muchos, independientemente de ser hombre, mujer, gay, trans… incluso hay muchos casos de trans descuartizados…”.

– ¿Ha sido esta una guerra homófoba?

– No, no, la guerra no ha sido homófoba, ha sido pareja para todo el mundo., Si eres gay de malas, pero incluso en algunos casos hemos sido muy respetados, más que otros colectivos.

El Chocó está lejos del resto del país. Hay una frontera invisible que hace de muro, de freno para los tejidos complejos. García-Vila cree que aunque algunos activistas sí han desarrollado redes de articulación en todo el país, “los resultados de esa articulación no son visibles ni efectivos, si fuera así habría una gran marcha en el país de la diversidad o marchas políticas como las que tienen los cristianos. Fíjese que eso no pasa en el movimiento LGBT. El error está en que lo movimientos son muy locales y sufren de no ser capaces de ver el conjunto”. La realidad para gais, lesbianas, transexuales o intersexo en Quibdó, y en el Chocó, no es comparable con la de las grandes ciudades del país, o con la de zonas campesinas del centro del país. Erlin Mena prefiere no “pararle bolas” a la campaña nacional contra la llamada “ideología de género” y al señalamiento contra la comunidad LGBTI como la principal amenaza para la familia y la tradición. “No le presto atención a eso. Nosotros tenemos que seguir conquistando derechos porque las iglesias no nos van a detener a nosotros. Ellos que piensen en sus problemas internos. Nosotros hemos sido muy prudentes respecto a la iglesia, ellos son muy doble moral. Yo tengo una pelea con la iglesia [católica] y quisiera tenerla más abierta. Porque son los más hipócritas que puede existir en la tierra, de una hipocresía increíble”.

En el propio Plan de Desarrollo del Chocó aprobado este año reconoce “que el Estado no cuenta con datos, mapeos, patrones, caracterizaciones, etc. que le permitan conocer las problemáticas que enfrenta esta población. En Colombia no existe una política pública nacional LGBT”.

Sin embargo, en Quibdó se ha tejido un entramado de complicidad entre gais y lesbianas y la población heterosexual que puede sorprender a los extraños. Es, precisamente, el salto a las esferas políticas el que aguarda para que sus necesidades y sus derechos comiencen a ser introducidos en las políticas públicas.

Erlin, entre actuación y actuación por todo el país, es optimista, aunque le preocupa que las nuevas generaciones “piensen que siempre ha sido así de fácil”. Fácil, para Erlin, es poder existir. Aunque la realidad sea muy difícil. Y aunque en la práctica la presión del Estado, organizaciones no gubernamentales y de cooperación internacional insista en imponer agendas al movimiento local que, muchas veces, están lejos de sus necesidades.

Como describe Jaime García-Vila, “es muy difícil para los grupos subordinados escapar de las estructuras dominantes, mucho más cuando se trata de movimientos atravesados por una sexualidad o una identidad de género no normativas. Los grupos dominantes cuentan con una aprobación automática de la que no tienen que dar cuenta mientras que los dominados deben reafirmarse y demostrar que son personas dignas y con calidades a pesar de rehusarse a seguir los comportamientos sociales prescritos e inscritos en los cuerpos de manera convencional”. Lo que comenzó con Locomía Chocoana es hoy un proceso en maduración.